El dulce sabor de un encuentro inesperado. Bruselas 2015.

Llegamos finalmente a Bruselas, después de un largo viaje desde Londres en autobús y barco, a las 6 de la mañana para ser exactos. Era el momento de buscar el hostal.

 “Llegan demasiado temprano”  nos dijo la persona encargada, así que nos dirigimos a  dejar las maleta, después a buscar un café que remedie el sueño y el cansancio en lo que podíamos entrar al hostal.  Llegamos a lo que parecía ser un bar cura amores.

“Un cafe por amor de Dios”. Después del café y un rato de platica mañanera regresamos al hostal. “Su cuarto está listo a las 3 pm, pueden quedarse a descansar en el área común”.  Entramos, había gente de todos los lugares platicando sus experiencias viajeras y en lo único que pensaba era en un descanso, vaya manera de desperdiciar conocimiento.

Después de un largo rato dormitando se dieron las tres de la tarde.

  • “Aquí está el mapa”. Nos dijo la recepcionista. En el fondo escuchamos una voz que pregunta: “mexicanas?”
  • “Clarooo!” Contestamos.
  • “Yo también!” a recoger maletas e instalarnos.

Conocimos por obra del destino, casualidad o llámenle como sea, a un mexicano viajero llamado Saulo. Estaba ahí para acompañarnos sin saber, en nuestra estadía,  en aquel lugar. Casualmente se quedaba en la misma habitación que nosotras.

-”De dónde son?  Qué hacen por acá? Cuánto tiempo?”  Las preguntas típicas que haces cuando recién conoces a alguien.

Salimos a recorrer la ciudad y desde ese momento no nos separamos ni un instante. No cabe duda que la vida te pone a las personas exactas,  en el momento correcto.  Nos acoplamos instantáneamente. A comer, recorrer y visitar.

En nuestro mismo cuarto estaban instalados dos chicos de Holanda que se unieron a nuestros planes.

  • “Vamos a bailar!” Decía una vocecita, así salimos a buscar un lugar para bailar. Y oh sorpresa!  Nuestro hostal estaba a un lado de un lugar cubano con un grupo que tocaba en vivo y sus integrantes eran de Perú.
  • “Hey de donde nos visitan?”.
  • “De México!” Contestamos orgullosos!

Nuestro amigo mexicano Saulo bailaba padrísimo!  Vaya noche!  Enseñando a bailar a nuestros amigos Holandeses (intentando hacer que bailaran salsa, vaya cosa) que se acoplaron perfecto a unos mexicanos felices!

Terminamos nuestra visita a Bruselas llenas de recuerdos y nostalgias, algo nada planeado se volvió una experiencia para recordar en nuestro corazón.

Viajeros, conozcan, platiquen, intercambien experiencias!

La vida es eso, disfrutar el trayecto, no solo el destino.

Les mando un abrazo enorme.

Alma Jimenez

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