Colombia, un viaje hacia a mi

“Voy a visitarte, acabo de comprar mi vuelo!”, escribía en un mensaje de texto a mi amiga Diana en Bogotá. Muy dentro de mi sabía que esta era la excusa perfecta para echarme a cuestas mi primer viaje a solas conmigo misma. Mucha gente me creyó de loca por ir sola a Colombia, un país al que muchos consideran extremadamente peligroso. Decidí, aún así, seguir el consejo de mis amigos colombianos y tomar una ruta que no todo el mundo conoce y que puede que suene diferente para los que hayan tenido la suerte de pasearse por este país de Sudamérica.DSC_0474

  • BOGOTÁ

Por supuesto el viaje comenzó en la capital. Bogotá impresiona por su ajetreo, su inmensidad y su diversidad (cualquiera diría que no es la Gran Manzana de Latino América). Desde el aeropuerto (El Dorado) hasta la ciudad las opciones son pocas, o agarras un taxi o el transmilenio (que cuesta en hora pico alrededor de unos 1700 pesos). Si no quieres que todos tus ahorros se vayan en dos dias, te recomiendo el transmilenio, pero ojo! lasDSC_0028 horas pico son extremadamente estresantes, hay demasiada gente intentando subir y bajar en la zona del centro. El transporte público no está hecho para turistas y es necesario conocer las horas pico así como las calles ‘līmite’ en las que se recomienda no entrar (sobre todo si llevas tu cámara de fotos contigo) si no te quieres encontrar entre algunos lugares de menos interés cultural. Como iba con pocos días me dediqué a visitar lo más popular e indispensable antes de irme de la capital:

La Candelaria: recomiendo uno de los tours GRATUITOS que salen de la Plaza DSC_0041 1Bolivar desde la oficina de turismo (el paseo es de aproximadamente una hora y la información de la historia de la Plaza y sus alrededores es muy interesante). Otras plazas para pasear serían la plaza Chorro del Quevedo o la Piazoleta del Rosario.

Museos: Botero, aunque verás alguna obra si te desplazas, por ejemplo, a Cartagena, ver las obras de Botero fue muy emocionante. Otros museosDSC_0672 recomendables son el del Oro, que se sitúa al lado del de Botero, o la Casa de la Moneda.

Zona rosa: acércate a la Zona Rosa para cenar algo y empezar la noche para después ir a bailar a ‘Andres, Carne de Rés’. Este local de 4 pisos te hará bailar sin duda alguna, está llena de gente internacional y también de locales. Muy muy divertido!

Santuario del Señor Caído de Monserrate: recomiendo subir por la tarde y ver DSC_0385 1desde allí como anochece sobre Bogotà, las luces de la grandísima ciudad de esta capital son increíbles (ver la primera foto deteste post). Solo existen tres formas de subir al Santuario: funicular, teleférico (no apto para gente con vertigo) o caminando (si te ves con ganas…). Suele haber bastante cola tanto para subir como para bajar!Planea con tiempo.

  • ZIPAQUIRÁ

A 50 km de la capital Colombiana, se encuentra Zipaquirá y su Catedral de Sal subterránea. Esta monumental mina de sal, donde la mitad se ha convertido en centro de paso para miles de visitantes fue uno de los ‘Guau!’ de mi viaje.


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Para que os deis una idea de la inmensidad de la catedral (que es solo una mínima parte de la mina de sal en su total)esta cubre unos 8.500 metros cuadrados donde cabrian varios aviones de pasajeros aparcados,  considerada la maravilla número 1 de Colombia.

Zipaquirá, el pueblo, no se queda atrás de bonito. Su plaza tiene mucha vida, así como el resto del pueblo. La catedral de Zipaquirá, en la plaza, se merece sin duda una visita. Desde este mismo sitio salen también unos trenes hacia la Catedral de Sal, por si te da un poco de pereza caminar hasta arriba.
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  • VILLA DE LEYVA (Patromonio de la Humanidad) 

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Respirar, reconectar, renovarse.

Leyva fue para mi la villa de las ‘re’. Recomendado por mis amigos colombianos, fue una de las claves de mi viaje. Para ir a Villa de Leyva desde Bogotá, te recomiendo el transporte público. Desde la Estación Norte de Bogotá debes agarrar un autobús que te lleve a Tunja (15000 pesos). Posiblemente el autobus que te lleve a Tunja te deje medio tirado en la carretera un poco desviado de la estación de autobuses, pero si preguntas veras que no está tan lejos. Desde Tunja tendrás un autbús que te lleve DSC_0201 1a Villa de Leyva (6.500 pesos).
Villa de Leyva es un lugar hermoso que te hace volver al pasado, existe una extraña tranquilidad en este pueblo. Villa está rodeado de montañas y  calles todavía empedradas. Muchos de sus paisanos llevan como vestimenta regular sus ponchos (ruanas) y gorros típicos. Si estáis por allí en Agosto, no os perdáis su festival de las cometas en el que todo el pueblo se ve implicado con sus gigantes cometas de colores sobrevolando el pueblo. Yo solo me pude quedar un día y medio en Leyva, y lo dediqué sobre todo a ver museos, caminar por las calles y salir a montar a caballo (Visita a los lagos azules y la casa de barro en tour a caballo es muy recomendable!). Pero si caéis enamorados como yo lo hice de este pueblo, igual os sentís con ganas de quedaros unos días más.

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  • CARTAGENA DE INDIAS  E ISLAS DEL ROSARIO

“Uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra”

 Gabriel García Márquez 

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A quien no le viene a la mente Gabo cuando hablan de Cartagena? Mi primera compra en este pueblo costero fue el “Cien años de soledad”, un regalo a mi misma en este viaje al centro de mi.

Hay muchísimo que hacer en Cartagena y yo no tuve mucho tiempo, pero como iba sola me la pasé a ver lo que más me llamaba la atención. Me quedé hospedada dentro de la Ciudad Amurallada (por lo visto menos peligroso que las zonas fuera de la muralla). Me dediqué a pasear por la muralla, a sacar fotos a El Portal de los Dulces, a La Torre del Reloj, a los turistas tomando su café de la tarde en la Plaza de Santo Domingo. Y así me sentí un poco más Gabo, leyendo, bebiendo café. 

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Y hasta que le llegó el día a las Islas del Rosario. El tour que elegí desde el puerto (cuidado con los timos de las compañías, tratar de buscar el mejor precio y no os quedéis con el primero que encontréis!) hacia las Las Islas del Rosario fue un cuanto interesante. La primera parada de el zodiac (un poco clandestino) en las islas fue corta, pero suficiente para apreciar la vida en el Caribe. Sin mucho descanso nos llevaron al Oceanario de las Islas del Rosario (en otra de las islas). Siendo sincera, yo no soy muy fan de estas cosas, así que lo disfruté lo justo. En nuestra vuelta a Cartagena, el tour incluía una parada en Bocachica, una isla medio abandonada y que da acceso a la Bahia de Cartagena. Alli nos dieron de comer (y la verdad es que me lo pensé varias veces antes de hacerlo) seguido de un tour guiado (guiado por los habitantes del pueblo) por el Castillo de San Fernando de Bocachica, ya muy descuidado. Lo más interesante de esta parada en Bocachica fue sin duda el conocer a sus habitantes, de muy bajos recursos y que se ganan la vida en la pesca y de los pocos turistas (como yo) que llegan a la isla. Me quedé charlando con los niños de la isla, a los que les encantó mi cámara. Sin duda un alto en el camino a la reflexión, de las Islas caribeñas de aguas cristalinas a Bocachica. 

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  • SANTA MARTA Y PARQUE NACIONAL TAYRONA

El último paraíso fue un camión de sentimientos y experiencias. Le dediqué posiblemente menos tiempo del que debería al pueblo de Santa Marta, pero el parque nacional Tayrona merecía las pocas horas que me quedaban por Colombia. DSC_0818

Me enamore de Tayrona, de su esencia y de lo que todavía es. En este DSC_0734parque nacional todavía viven indígenas y creo que la idea de solo poder acceder a lo más profundo de la isla y de sus playas caminando o en barco tiene mucho que ver en la energía positiva de este lugar. Recomendadísimo quedarse a dormir (planea con antelación la posibilidades para dormir en el parque y sobre todo si queda hueco). Para alguno de los campings tendrás que llevar tu propia tienda de campaña, en otros ellos te ofrecen una hamaca. Insecticida, comida y dinero, IMPRESCINDIBLE (es bastante caro y a los extranjeros les cobran el doblen la entrada al parque). DSC_0765 
 

Echad la caminata hasta las playas, merece la pena perderse por la selva tropical. A la vuelta, si te apetece una aventura extrema, puedes volver en lo que posiblemente fue mi paseo en barco mas peligroso.

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Maria Reigosa, maestra de Educación Infantil, realizando un master en investigación educativa en California. Redactora en Quiero Volar-Comunidad Viajera.

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